sábado, 12 de junio de 2010

Textura

Me esperaba como siempre ahí; quieta pero constante. Y fría, siempre fría, porque las cosas así no se viven en rojo. Era el azul de las cinco, y el cinco las veintricuatro horas. Los siete, las diez mil semanas. Un día que asoma y que cierra el telar. La punta de una tela mal cortada, un pliegue que sobra, el hilo de un tejido sin surfilar. El piso que grita, los restos de nada, ideas vendidas volcándome al raz. Entonces abogar ser A ser B ser Z. Y ella para siempre imperfecta, y para siempre fría, porque las cosas así no se viven en paz.

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